miércoles, 19 de octubre de 2011

No pudo evitar mirar de reojo...(MICRORRELATOS EN CADENA)



Premonición

No pudo evitar mirar de reojo la puerta del apartamento. Dos cuerpos entrelazados, una botella de vino rota y un papel absorbiendo la sangre del suelo.
-¿Qué pasa? ¿Qué ves? ¿Qué ha pasado? ¡Dime! ¡No te quedes callada! ¿Qué pasa?
- ¡Son ellos! No puedo creerlo, no puedo creerlo.
- Déjame ver. ¡Llama a una ambulancia! ¡Rápido! ¡Ella aún respira!
-¿Oiga? ¡Esto es una emergencia! ¡Vengan al número 22 de la calle Generalísimo! ¡Dense prisa!
- Se lo he dicho muchas veces pero nunca hace caso, las personas no cambian.
- Aguanta por favor, aguanta. Tranquila, ya vienen. Respira. Si hubiéramos llegado antes...
Ecolalia
No pudo evitar mirar de reojo la puerta del apartamento mientras yo le explicaba las tablas de multiplicar.
-Vamos Carlitos, venga. Mira aquí, mira aquí. Lo estás haciendo muy bien. Vamos a intentarlo otra vez, ¿vale? Venga. ¿Uno por uno?
- Uno por uno, uno por uno, uno por uno, uno por uno...

Calcinada
No pudo evitar mirar de reojo la puerta del apartamento imaginando que ella estaba esperándole impaciente, como siempre.  Después de tanto tiempo, aun podía percibir ese olor tan peculiar que le desveló.
- Cariño, mañana tenemos que pagar la fianza del piso. Estoy tan ilusionada, ¡viviremos juntos! ¡Solos por fin! ¿Eres feliz?
- Soy increíblemente feliz cielo. No fumes tanto mi vida y no te acuestes muy tarde, que te conozco- Le dijo besándole dulcemente en los labios –Te quiero cariño, te espero en la cama-
A altas horas de la madrugada los bomberos intentaban apagar las llamas.  Poco se podía hacer ya.

Ironías
No pudo evitar mirar de reojo la puerta del apartamento mientras él le pasaba los tres gramos y medio de caballo. Desconfiada, se acercó a la puerta asegurándose de que ningún vecino se percatara de lo que estaba ocurriendo.
- Ciento noventa y tres euros señora. Aquí tiene.
- Gracias. Por favor, váyase por aquella esquina si no le importa, no quiero que nadie le vea. Gracias
- Claro señora. Recuérdele a su hijo que me debe los setenta y siete euros del chocolate.

Esperando...
No pudo evitar mirar de reojo la puerta del apartamento esperando que una mano milagrosa llamara a la puerta.
Al quitarle el seguro, tan solo pudo escuchar un débil gemido y observó cómo sus ojos se cerraban esperando el momento.
- Tengo curiosidad, dime, ¿en qué estas pensando?
- En lo doloroso que puede llegar a ser.
- ¿El disparo?
- No, la traición.ición.

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